martes, 13 de octubre de 2026
Acercando Naciones Logo
Opinión

El dilema del Edén: ¿por qué la cuna de la civilización sigue en guerra?

La misma geografía que los textos sagrados señalan como el origen de la humanidad es hoy el epicentro de los conflictos más encarnizados del planeta. Una reflexión sobre poder, comercio y el desafío de volver a poner a las personas en el centro.


lunes, 12 de octubre de 2026
Compartir nota

El dilema del Edén: ¿por qué la cuna de la civilización sigue en guerra?

La cuna de la civilización, convertida en tablero geopolítico

Resulta una ironía fascinante y trágica: la misma geografía que los textos sagrados sitúan como la cuna de la civilización, el legendario Huerto del Edén, que la tradición y numerosos estudiosos asocian con la cuenca del Tigris y el Éufrates, es hoy el epicentro de los conflictos más encarnizados del planeta.

El presente: la plaza del Reloj de Raqa, a orillas del Éufrates, tras la guerra en 2017. Foto: VOA (dominio público).

No es casualidad que esta región siga cautivando la atención global. En las últimas semanas, el mundo volvió a mirar hacia el monte Ararat, en Turquía, donde un equipo internacional asegura haber detectado, con radares y perforaciones, estructuras bajo tierra que asocia con el posible paradero del Arca de Noé, aunque la mayoría de los geólogos y arqueólogos sostiene que se trata de una formación natural. Ya sea rastreando el barco del gran diluvio o buscando con imágenes satelitales los antiguos ríos del Edén bajo el Golfo Pérsico, la humanidad sigue obsesionada con encontrar las huellas de sus orígenes.

El Arca de Noé en el monte Ararat, de Simon de Myle (1570). Dominio público.

Sin embargo, en pleno siglo XXI, ese mapa sagrado se ha convertido en un complejo tablero geopolítico donde se cruzan las mayores reservas de petróleo del mundo, la "hidropolítica" por el control del agua y fronteras artificiales trazadas por intereses imperiales. Se habla de vestigios ancestrales, profecías y disputas religiosas, pero detrás de la escena política también se mueven los hilos de los grandes grupos económicos y de las decisiones corporativas que moldean la agenda global. Detrás del humo de la guerra, la pregunta incómoda siempre vuelve: ¿cuál es el verdadero costo de los negocios cuando se olvida que no todo es una transacción financiera?

Donde nació el comercio

Pocas veces se recuerda que la cuna de la civilización no solo vio nacer la escritura, la agricultura y las primeras ciudades. También fue el lugar donde nació el comercio organizado. Buena parte de las primeras tablillas cuneiformes de Mesopotamia registraba intercambios de granos, ganado y metales. Desde allí partían caravanas y embarcaciones que unían las ciudades sumerias con el valle del Indo, el Golfo y el Mediterráneo. Siglos después, la Ruta de la Seda y la ruta del incienso convirtieron a Medio Oriente en el gran cruce de caminos entre Oriente y Occidente.

Tablilla cuneiforme con un registro de cuentas de malta y cebada, Mesopotamia. The Metropolitan Museum of Art (dominio público).

Hoy esa vocación sigue intacta, aunque con otra forma. Por el estrecho de Ormuz pasa cerca de una quinta parte del petróleo que consume el mundo, y por el mar Rojo y el canal de Suez circula una porción decisiva del comercio entre Asia y Europa. Cada vez que un conflicto bloquea una de esas rutas, como ocurrió este año con el cierre del estrecho de Ormuz, el impacto se siente en el precio de la energía, en los fletes y en la mesa de familias que viven a miles de kilómetros.

La historia deja una lección que los mercados suelen olvidar: las rutas comerciales prosperaron cuando hubo confianza entre las partes y se apagaron cuando una de ellas quiso quedarse con todo. Sin un intercambio justo no hay negocio, hay saqueo. Y el saqueo, tarde o temprano, se paga con inestabilidad, con guerras y con mercados que se cierran.

Del salón de protocolo a la calle

Como presidenta de Acercando Naciones, participo con frecuencia en cumbres diplomáticas, foros internacionales y encuentros de alto nivel. Sé bien cómo se analiza el poder en las altas esferas y cómo se mide el éxito de las inversiones. Pero cuando uno sale de esos salones de protocolo y camina las calles, ya sea en Medio Oriente, en América Latina o en las grandes capitales europeas, el diagnóstico estratégico pierde su frialdad y se transforma en dolor.

¿De qué sirve la carrera por el control de los recursos energéticos, el retorno de las grandes inversiones corporativas, la tecnología aeroespacial o los algoritmos de la inteligencia artificial si a pocos metros de los centros de poder hay adultos mayores desalojados por no poder pagar un alquiler y familias durmiendo a la intemperie?

"Toda la creación gime", advierte el apóstol Pablo con metafórica precisión. La Tierra gime no solo por la sobreexplotación de sus recursos, sino por el desequilibrio de una civilización que compite ferozmente por la rentabilidad mientras ignora su propia fragilidad.

Existe una paradoja no resuelta en nuestro tiempo: el avance de la tecnología y la transformación del futuro del trabajo nos van a otorgar, en teoría, más tiempo. La pregunta estratégica para los líderes de la política y de las empresas es en qué lo vamos a usar. ¿Seguiremos profundizando la especulación y las luchas de poder, o usaremos ese tiempo para rediseñar la convivencia humana?

Nadie se salva solo

No deberíamos esperar a que estalle otra guerra global, otra pandemia, otro tsunami o una nueva crisis planetaria para entender lo evidente. Ningún líder, ningún gran empresario y ninguna potencia se lleva sus activos al partir de este mundo. Como recuerda el libro de Job, venimos desnudos y nos vamos desnudos.

Los libros sagrados de todas las tradiciones y la propia naturaleza, cuando nos detenemos a respirar frente al mar o a una montaña, nos recuerdan una verdad que los libros de contabilidad suelen omitir: nadie se salva solo.

Desde Acercando Naciones sostenemos que es hora de mirar más allá de lo inmediato. No se trata de atacar dogmas ni de oponerse al desarrollo económico, sino de desarmar la lógica del conflicto permanente. Si la cuna de la civilización todavía no logra encontrar la paz, en buena medida por no saber compartir su abundancia, que sea la diplomacia del diálogo, la propuesta y la inclusión real la que empiece a trazar el mapa del futuro.

El verdadero desafío estratégico del siglo XXI no es dominar el territorio ni el mercado del otro, sino comerciar con justicia y volver a poner a la humanidad en el centro.


Por Patricia K. Pitaluga
Embajadora para la Paz -CEO Acercando Naciones.
Consultora en Internacionalización PYME

Compartir nota

Temas Relacionados
Buenos Aires Ciudad - La ley se cumple y el orden se respeta
Legislatura Ciudad Autónoma de Buenos Aires
AN logo

El informe que leen +2.000 líderes

¿Qué esperás para ser el próximo? Cada 2 semanas, una cápsula con las noticias y el análisis más importante para quienes toman decisiones en países y corporaciones. Sin ruido.

Sin spam. Podés darte de baja cuando quieras.
Acercando Naciones ONG
Ezequiel Carpio Coiffeur
Carrera Linux - CLA Training
Leonarda Valdez - Cosmetóloga y Esteticista
Sonido Gremial

Tal vez te interese leer