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EL VINO Y LA SEDUCCIÓN Desde tiempos inmemoriales el vino está relacionado con el buen vivir y los placeres de la vida, y en ese sentido intrínsecamente se lo asocia a las relaciones íntimas: con la seducción, la sensualidad y el erotismo. Dionisio, el dios del vino para la mitología griega, Baco ostentaba la misma […]
EL VINO Y LA SEDUCCIÓN
Desde tiempos inmemoriales el vino está relacionado con el buen vivir y los placeres de la vida, y en ese sentido intrínsecamente se lo asocia a las relaciones
íntimas: con la seducción, la sensualidad y el erotismo.
Dionisio, el dios del vino para la mitología griega, Baco ostentaba la misma posición entre las deidades paganas de los romanos, entre sus más famosas conquistas, en una de sus bacanales, logra los favores de Afrodita - Venus, la diosa del amor profano.
El gran seductor del siglo XVIII, Giacomo Casanova, en su relato autobiográfico “Historia de mi vida”, cuenta cómo el vino estaba emparentado en forma directamente proporcional al placer, y como este néctar era utilizado para motivar el deseo, desterrar prohibiciones y censuras, y dejar volar la imaginación y las inhibiciones.
El escritor brasileño Marcelo Copello, en su libro “Vino y algo más”, aseguró:
“Cada trago de vino es un beso, un acto erótico que representa la fusión de las respiraciones y que, en los rituales tántricos, simboliza la fusión de las almas. Rápidamente el vino hará su efecto, inhibiendo la ansiedad y la timidez, calentando los cuerpos y alegrando el espíritu”.
Científicamente podemos decir que los antioxidantes que contiene el vino producen un beneficioso efecto vasodilatador que permite un mayor aporte de sangre en áreas clave del cuerpo, sobre todo femenino, pero en los hombres, si nos excedemos, el alcohol inhibe el funcionamiento del sistema nervioso autónomo responsable de la erección.
Al vino se lo asocia al erotismo y a ciertas virtudes afrodisíacas, ciertamente no comprobadas, ya que por un lado relaja el sistema nervioso, calma la ansiedad, tiene un efecto desinhibidor que facilita la socialización y a la vez en todo en su conjunto permite encender la líbido.
El vino
se presta para realizar juegos eróticos en la intimidad de la pareja, ya que el color rojo incita a la pasión, lo prohibido y a la sexualidad.
Como dijo el gran Salvador Dalí, “Un gran vino requiere un loco para hacerlo crecer, un hombre sabio para velar por el, un poeta lúcido para elaborarlo, y un amante para beberlo”
Seamos los mejores amantes.
Willy Cersósimo
Sommelier
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