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Formosa, el yaguareté y una política judicial de protección ambiental

El juez federal Pablo Morán analiza dos causas judiciales en Formosa que marcaron un precedente en la protección penal del yaguareté, y reflexiona sobre lo que significa esta especie para la identidad y la biodiversidad de América Latina.


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Formosa, el yaguareté y una política judicial de protección ambiental

Dos causas judiciales desarrolladas en el norte argentino colocaron a la provincia de Formosa en un lugar singular en la protección penal de una de las especies más emblemáticas y amenazadas de América: el yaguareté.

Formosa se encuentra en el nordeste de la República Argentina, sobre una extensa frontera con Paraguay y dentro de la región del Gran Chaco, uno de los sistemas ambientales más importantes de Sudamérica. Sus bosques, ríos, humedales y corredores biológicos albergan una extraordinaria biodiversidad, pero también enfrentan amenazas comunes a buena parte de América Latina: caza furtiva, tráfico ilegal de fauna, pérdida de hábitat y deforestación.

En ese contexto, la audiencia realizada el 25 de agosto de 2026 ante el Juzgado Federal N.º 2 de Formosa constituye una nueva instancia relevante dentro de una causa vinculada con la persecución y muerte ilegal de un yaguareté.

La investigación fue desarrollada originalmente ante el Juzgado Federal N.º 1 de Formosa, a cargo del juez federal Pablo Fernando Morán, quien dispuso allanamientos, secuestros de armas y otros elementos vinculados con la actividad de caza, incorporación y análisis de fotografías y registros obtenidos de Internet, pericias y otras medidas probatorias. Concluida la investigación, dictó el procesamiento del único cazador que pudo ser identificado y sometido al proceso, y posteriormente elevó la causa para su juzgamiento.

En la audiencia del 25 de agosto las partes presentaron una propuesta de juicio abreviado, que contempla pena de prisión y las máximas consecuencias sancionatorias previstas por la legislación aplicable.

La decisión jurisdiccional será dada a conocer el próximo 7 de septiembre.

Morán señaló que no le corresponde formular valoraciones ni anticipar opinión acerca de una decisión que compete actualmente a otro órgano jurisdiccional.

Dos casos que marcan un camino

La relevancia de esta causa debe analizarse junto con el precedente desarrollado en Formosa durante 2025.

En aquella oportunidad, Pablo Morán actuó como juez de juicio y dictó la primera sentencia argentina que impuso penas de prisión por la caza y muerte ilegal de un yaguareté.

Cuatro personas fueron condenadas a dos años de prisión. Tres de ellas recibieron penas de cumplimiento efectivo y la cuarta una pena de ejecución condicional.

La sentencia incorporó además una dimensión ambiental particularmente significativa.

Cada condenado debió afrontar una reparación económica de cinco millones de pesos, destinada al fortalecimiento del programa provincial de conservación del yaguareté y de la biodiversidad.

También se impuso la obligación de desarrollar actividades de capacitación dirigidas especialmente a poblaciones y trabajadores rurales sobre convivencia con los grandes felinos y con la fauna silvestre.

Este aspecto constituye uno de los elementos más importantes del precedente.

La respuesta judicial no buscó solamente sancionar una conducta ya consumada, sino contribuir a modificar una concepción cultural profundamente arraigada: la idea de que todo animal silvestre que pueda representar una amenaza debe ser eliminado.

Existen técnicas de prevención, manejo del ganado, protección de corrales, monitoreo y distintas formas de reducir los conflictos entre las actividades productivas y los grandes depredadores.

Difundirlas significa transformar el castigo en prevención y la sanción en aprendizaje.

En el proceso actualmente en trámite, el papel de Morán fue diferente: actuó como juez instructor, reunió la prueba, procesó al imputado y elevó la causa para su juzgamiento. La resolución de la propuesta actualmente presentada corresponde ya a otro órgano jurisdiccional.

El yaguareté tiene quien lo defienda

Otro aspecto pionero de estos procesos fue la amplitud reconocida a quienes representan el interés ambiental.

El Juzgado Federal N.º 1 admitió la participación como querellantes de Parques Nacionales, la Provincia de Formosa y la Fundación Red Yaguareté, organización de la sociedad civil especialmente dedicada a la conservación de esta especie.

Aquella decisión parte de una idea central: la muerte de un ejemplar perteneciente a una especie en peligro crítico de extinción no constituye solamente la pérdida de un animal.

Afecta un patrimonio natural, ambiental y cultural que pertenece a toda la comunidad.

Mucho más que una especie protegida

El yaguareté ocupa un lugar singular dentro de la naturaleza americana.

Es uno de los grandes depredadores del continente y desempeña un papel esencial en el equilibrio de los ecosistemas donde todavía sobrevive.

Pero su significado excede ampliamente la biología.

El yaguareté pertenece a la identidad cultural de América Latina.

Su figura aparece desde tiempos ancestrales en las culturas indígenas, en los relatos, en las lenguas, en el arte, en los mitos y en la memoria colectiva de numerosos pueblos desde México hasta el norte argentino.

Es jaguar, yaguareté, jaguareté: distintos nombres para una misma presencia que atraviesa nuestro continente.

Representa fuerza, libertad, misterio y respeto por la naturaleza.

Y representa también algo quizás menos jurídico, pero igualmente verdadero: la belleza que nos define como región.

Hay paisajes y animales cuya existencia ayuda a explicar quiénes somos.

El yaguareté es uno de ellos.

Su presencia silenciosa en un bosque demuestra que todavía existe allí un ecosistema suficientemente complejo y saludable como para sostenerlo.

Por eso, cuando desaparece un yaguareté no se pierde solamente un ejemplar.

Se debilita el bosque.

Se altera una cadena natural.

Se empobrece la biodiversidad.

Y desaparece también una pequeña parte de la identidad y de la belleza de América Latina.

Proteger al yaguareté es proteger todo un mundo

Defender esta especie significa proteger mucho más que al animal individual.

Significa preservar el bosque donde vive, sus presas naturales, los cursos de agua, los humedales y los corredores biológicos que permiten que la vida silvestre continúe reproduciéndose.

Por eso la lucha contra la caza furtiva está necesariamente vinculada con el combate al tráfico ilegal de fauna, la deforestación, la destrucción de bosques nativos y todas aquellas actividades que producen daños graves o irreversibles sobre nuestros ecosistemas.

La cuestión posee, además, una dimensión inevitablemente regional.

Argentina, Paraguay, Brasil y Bolivia comparten ecosistemas, bosques, ríos y corredores biológicos.

Los animales no reconocen las fronteras políticas trazadas por los seres humanos.

Tampoco las reconocen quienes trafican ilegalmente especies o degradan los recursos naturales.

La protección efectiva requiere, por ello, cooperación entre autoridades judiciales y ambientales, fuerzas de investigación, universidades, organizaciones sociales y comunidades de toda la región.

Nuestra casa común

Desde el Juzgado Federal N.º 1 de Formosa se ha procurado sostener una concepción según la cual el Derecho Ambiental no puede limitarse exclusivamente al momento de imponer una pena.

También debe contribuir a prevenir, educar y generar conciencia.

Por esa razón, el juez Morán viene desarrollando actividades académicas y de difusión sobre Derecho Penal Ambiental, biodiversidad y protección de especies, tanto en universidades e instituciones jurídicas argentinas como en encuentros desarrollados en otros países de la región.

La naturaleza que recibimos no pertenece exclusivamente a nuestra generación.

También pertenece a quienes todavía no nacieron.

Por eso la protección del yaguareté, la defensa de los bosques y la lucha contra la destrucción de la biodiversidad forman parte de una misma responsabilidad: cuidar nuestra casa común.

Y en Formosa esa casa tiene monte, ríos, humedales, palmares, bosques y una extraordinaria diversidad de vida.

Todavía tiene también una criatura magnífica caminando silenciosamente por algunos de sus territorios.

El yaguareté.

Quizás el verdadero éxito de estos procesos no deba medirse solamente por el número de condenas o por la extensión de una pena.

Será haber contribuido a que cada vez más personas comprendan que un yaguareté vivo vale infinitamente más que cualquier trofeo obtenido después de matarlo.

Porque cuando una especie desaparece definitivamente, no desaparece solamente un animal.

Desaparece una parte de nuestra historia, de nuestra identidad y de la belleza de América Latina.

Y existen pérdidas que ningún juez, ninguna ley y ninguna sentencia pueden reparar después.


Pablo Fernando Morán, juez federal de Formosa
Por PABLO FERNANDO MORÁN
Juez Federal N.º 1 de Formosa


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